En la mesa todo cuenta: educación, modales y valores

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Llevamos unas semanas hablando de la mesa, la hemos vestido y decorado; hemos dispuesto sobre ella todos los útiles necesarios: vajilla, cubertería, cristalería y lencería. El servicio está organizado, los puestos distribuidos, llega la hora de la verdad. Desde el momento en que nos acercamos  a la mesa para tomar asiento, hasta que nos levantamos de la misma, se ponen en juego una serie de cortesías, lo que llamamos  buenos modales, que forman parte de nuestra marca personal y que nos van a definir ante el resto de los comensales.

En la mesa hay que ser educado, prudente y respetuoso a la vez que dominar determinadas técnicas en la utilización de lo que sobre ella está dispuesto y estar atento, además, para salir airoso de situaciones que nos pueden complicar la velada. En la mesa hay que ser tolerante y no ridiculizar ni aleccionar a nadie. Teniendo todo esto en mente, mal se nos tiene que dar para que no triunfemos socialmente.

Antes de seguir adelante conviene distinguir entre malos modales y accidentes en la mesa, a menudo tendemos a interpretar como de pésimos modales lo que son tan solo accidentes. Veamos un ejemplo: toser en la mesa no es de mala educación, un ataque de tos lo tiene cualquiera en cualquier momento, es algo accidental, lo que sí es de mala educación es toser sin cubrirse la boca o utilizar la servilleta para taparse la boca al toser.

Los Modales de Homer

MALOS MODALES EN LA MESA

Para empezar

  • Nadie se debe sentar a una mesa con las manos sucias.
  • Queda fatal que los caballeros se sienten antes de que lo hayan hecho las damas y queda rematadamente mal que damas y caballeros se sienten antes de que lo hagan los anfitriones. El caballero ayuda a sentarse/levantarse a la dama que tiene a su derecha, haciendo el sencillo gesto de retirar un poco la silla (recordemos que si la mesa ha sido ordenada correctamente la señora que tiene al lado no es su esposa).
  • No se empieza a comer hasta que todos los comensales han sido servidos y una vez la anfitriona ha realizado el gesto de comenzar a comer.
  • No te pongas la servilleta al cuello como si fuera un babero.
  • No juegues con los cubiertos ni con otros objetos que haya sobre la mesa.
  • No se juega con el pan, ni se hacen bolas con la miga (tics nerviosos que hay que evitar), si lo hacemos mostramos nerviosismo e incomodidad.
  • No se empieza a comer el pan sin que los alimentos se hayan servido y hayamos empezado a comer, haciéndolo mostramos avidez.

Con la comida en el plato

  • No se apoyan los codos en la mesa mientras se come. Cuando no hay comida en la mesa no pasa nada si se apoyan ligeramente.
  • No se ponen los brazos escondidos bajo la mesa cuando se está comiendo (en el supuesto de que solo estemos utilizando una mano para comer porque el alimento así lo requiera). El brazo cuya mano no se utiliza, reposa ligeramente sobre la mesa a la altura del antebrazo. Las manos siempre a la vista.
  • No se hacen movimientos con los brazos que puedan molestar a nuestro vecino de derecha/izquierda en la mesa, tendremos siempre en mente que nuestro campo de juego tiene 70 cm., y nunca haremos ademanes con los brazos si estamos sosteniendo los cubiertos.
  • No soples la comida, come con cuidado, empezando por la parte más alejada del centro; si te quemas mastica un trocito de pan, pero ni se te ocurra escupir la comida.
  • No bebas ni hables con la boca llena y tampoco hagas preguntas directas a quien está masticando o bebiendo.
  • No se mastica con la boca abierta, ni se sorben ruidosamente los líquidos y nunca, nunca utilices un trago de agua para enjuagarte ruidosamente la boca.
  • No introduzcas grandes cantidades de comida en la boca, lo de comer a dos carrillos no está bien visto, es síntoma de gula.
  • No cortes la comida en trozos pequeños de una vez; los alimentos los vamos cortando a medida que comemos, en pequeños trozos (para evitar lo de comer a dos carrillos que veíamos en el párrafo anterior).
  • No introduzcas tus cubiertos en la fuente de la que se han de servir otros comensales.
  • No se “pincha” la comida del plato de otro comensal, ni se ofrecen bocados de nuestro plato (y en ningún caso pasamos nuestro cubierto con un pedazo de comida para que otro lo pruebe).
  • No se pasa el brazo por delante de otro comensal para alcanzar algo de uso común en la mesa (salero, salsera, jara, etc.); se le pide por favor al comensal que está más cerca del objeto de nuestra necesidad.
  • No nos levantamos de nuestro asiento para coger algo fuera de nuestro alcance, lo pedimos por favor y esperamos a que nos lo acerquen.
  • No se debe rechazar un plato, aunque no nos guste o no nos apetezca. Lo mejor es, al menos,  probar un bocado. Es lo que se llama “marcar” la comida. En este punto podemos hacer varias lecturas de las cortesías que se despliegan: por un lado, las que parten del anfitrión, cuando invitamos a alguien a una comida formal en casa, deberíamos informarnos de sus gustos, sus alergias, sus filias y sus fobias en la alimentación. El perfecto anfitrión, al hacer la invitación, lo hace. Se puede preguntar directamente: “¿alguna alergia?” o informar del menú que se va a servir. Por otro lado, las que parten del invitado, quien, cuando le hacen la invitación, debería –si no le preguntan- informar sobre sus alergias o intolerancias alimentarias (no sobre sus gustos). En todo caso siempre tiene la opción de marcar la comida y dejar los cubiertos en la posición adecuada (a las 20.20 con el filo del cuchillo entre los dientes del tenedor).
  • En ningún caso debe el anfitrión poner en evidencia al invitado con preguntas del tipo: “¿es que no te gusta el foie?”. Si el anfitrión observa que el invitado no come un plato, tomará nota mentalmente y encontrará el momento para preguntarle discretamente (y si es el perfecto anfitrión, además tomará nota en su libro de invitados, para tenerlo en cuenta en una futura invitación).
  • No elijas la mejor pieza de la fuente común, sino la que tienes más cerca.
  • No te olvides de dar las gracias cada vez que te sirven un plato o te sostienen la bandeja para que te sirvas.
  • No te lances a por un segundo servicio de un mismo plato si no te han ofrecido previamente. El buen anfitrión hace comida suficiente para la eventualidad de que todo el mundo repita y lo ofrece. Si no te lo ofrecen, mejor no digas eso de “¿me sirves un poco más de foie?” (y además levantando el plato). Repetir de un plato es un gran cumplido para quien lo ha elaborado, lo mismo que alabarlo, pero ha de ser un acto sincero.
  • No se “rebaña” el plato, siempre se debe dejar algún trocito pequeño de comida, salsa, etc.
  • No se moja el pan en las salsas (lo de hacer barcos en una comida formal, es algo a evitar).

Respecto a la bebida

  • No vacíes tu copa de un trago, bebe a pequeños sorbos y nunca suspires de satisfacción después de hacerlo, ya que expresa avidez y es igual de fea que la gula.
  • No te rellenes la copa. Los invitados no se sirven a sí mismos, es el anfitrión quien debe estar vigilante en este supuesto e ir sirviendo a quien lo necesita.
  • No se retira la copa cuando van a servirnos vino y no queremos más; con un “suficiente, gracias” levantando ligeramente la mano a la altura de la copa nuestro anfitrión ya entiende que no deseamos más.

Ya casi estamos terminando

  • No termines tu plato cuando los demás aún no han comenzado, ni ralentices el ritmo porque siempre eres lento comiendo o hablas mucho. Acompasa tu ritmo al del resto de comensales.
  • No dejes tu plato con el aspecto de una batalla campal al terminar de comer. Hay quien picotea en lugar de comer y deja el plato como zona devastada por la guerra.
  • No dejes restos de comida ni fuera del plato ni en el borde del plato. Los restos se van depositando a un lado del arco del fondo, si los dejamos a un lado, al retirar el servicio, quien los recoge se mancha y lo que es más, se le puede resbalar el plato.

Sobre la conversación

  • No inicies discusiones sobre temas que puedan herir la sensibilidad de los presentes (chistes sexistas, racistas, groseros o comentarios fuera de lugar).
  • Si eres lento comiendo, procura no hablar demasiado. Si eres “rapidillo”, intenta intervenir un poco más en la conversación.

Dos consejos en una frase

El móvil en silencio en el bolso y el kit de maquillaje, lo mismo.

ALGÚN ACCIDENTE ES POSIBLE

Se cae la copa y el contenido se derrama sobre el mantel, es una faena, pero no se acaba el mundo. No utilices tu servilleta para arreglar el desaguisado, ni introduzcas objetos entre el mantel y el muletón “para que se vaya secando”. El papel absorbente es muy eficaz en estos casos.

Manchas en la ropa: no hay que convertirlo en una tragedia ni actuar como si nada hubiera pasado. Actuar con naturalidad y si hay que levantarse para ir al baño a intentar eliminar la mancha, nos disculpamos, nos levantamos y en el baño intentamos arreglar el desastre (lo del “Cebralín” en la mesa … mejor no).

Espinas: te has tragado una espina y la tienes en la boca, identificada y sin que te esté pinchando. Hay que sacarla discretamente de la boca con el tenedor y depositarla en el borde del plato (si no hay más remedio que sacarla con los dedos, nos tapamos la boca con la mano contraria y la extraemos).

Toses y estornudos: si da tiempo hay que cubrirse la boca con un pañuelo, nunca con la servilleta. Si no cesa podemos recurrir a beber un trago de agua, si se convierte en irritante, al baño y a intentar calmarse.

Eructos: nunca son admisibles.

Cubierto al suelo: lo recogemos y se lo hacemos saber a la anfitriona, para que lo sustituya.

Medicación: la tomas a tu hora. Cuidado con la medicación aparatosa y que necesita cierta preparación.

Fuentes:

  • Protocolo a la vista/Hostelería
  • “El protocolo en las comidas”, Pilar Muiños
  • “Decoración y protocolo en la mesa”, Academia de la Cocina Española

Imagen: captura de pantalla de www.tu-pc.com

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