De medias verdades , leyendas urbanas y titulares impactantes

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Con motivo del fallecimiento de la Duquesa de Alba y en aras de ser el primero en publicar algo de lo que sea, o decir algo de lo que sea, han salido expertos en el tema ducal – protocolario de debajo de las piedras; y así hemos leído o escuchado temas tan manidos como el de que la gran cantidad de títulos que tenía la duquesa –más que los reyes de España e Inglaterra- la dotaba de ciertos privilegios como el de no tener que inclinarse ante el rey de España o ver como  la reina de Inglaterra le cedía el paso, en el hipotético caso de encontrarse cara a cara en algún lugar.

Por traer el tema al campo del protocolo, que es lo nuestro, les comento lo siguiente. El día del fallecimiento estaba en una reunión y me preguntaron si era verdad que la diferencia entre los grandes de España y las personas que no tenían título radicaba en que los grandes eran los únicos que no se quitaban el sombrero ante el rey (al parecer hacía unos días un torero que estuvo casado con una duquesa, hizo referencia a esto en la tele). Mi interlocutora, mujer con estudios  superiores y una gran cultura, manifestaba su asombro y reconocía su ignorancia sobre el tema.

A su pregunta respondí con las siguientes: ¿cuántas personas llevan sombrero hoy en día de forma habitual?, ¿cuántas personas llevan sombrero en un acto al que acude el Rey?, ¿cuántos de los que van al acto y lo llevan son Grandes de España? … ¿verdad que haciéndonos estas preguntas todo cambia?. El privilegio de permanecer cubierto ante el rey, privilegio histórico de los Grandes, estaba pensado para otro tiempo y otro lugar y es difícilmente aplicable hoy en día,  en una sociedad democrática como la nuestra, en la que la moda marca qué y cómo se viste para cada ocasión.

Hoy día la diferencia entre un Grande de España y un ciudadano de a pié va más por otro lado: el Grande probablemente tenga dinero para mantener un título nobiliario que ha recibido por herencia; probablemente tenga un gran patrimonio en suelo rústico y tenga unas propiedades inmobiliarias exentas del pago de impuestos por ser bienes de interés histórico y cultural; probablemente tenga objetos de gran interés histórico y cultural en su casa; probablemente haya recibido una buena educación y tenga un gran dominio de lo que llamamos urbanidad; etc. , ¡probablemente!.  Pero ni un Grande debe olvidar que la Constitución no reconoce ningún privilegio a la nobleza y que ante la ley es un ciudadano igual que usted y que yo, y su origen, títulos y tratamientos no le libran de tener que esperar en la misma cola que usted y que yo para pagar la compra, entrar a un museo o subir al avión.

Si reflexionamos un poco vemos que  si se sacan  las cosas de contexto y  se leen  algunas noticias sin un poco de sentido crítico,  hasta parece que tenemos que hacer la reverencia a una persona con título nobiliario, y eso no es correcto.

Estamos en unos momentos en que saber algo de algo equivale a ser experto y contarlo te eleva a los altares de la erudición. Hace algún tiempo vi un documental de la televisión canadiense  en la que hablaba de esto, de los expertos y su capacidad de hacerse un hueco en el mundo de los medios. Los conocimientos formados por medias verdades + leyendas urbanas + un titular impactante, y contar con el canal adecuado para transmitirlo están convirtiendo a muchos –cuyos conocimientos del protocolo se basan, con suerte, en un curso de 20 horas sobre el tema- en auténticos gurús del protocolo. Esto me asusta porque es lo más anti profesión que existe, y es lo que ha estado sucediendo estos días. Era tal la necesidad de contar algo –no de informar- que hemos visto, leído y oído algunas noticias que daban cuenta no del saber de quien las compartía, si no de su manifiesta ignorancia.

Pero tal vez lo que más me asusta es que mientras tanto, los auténticos profesionales que han intervenido en los medios, que iban allí a hablar de aspectos protocolarios, se veían  interrumpidos en sus intervenciones y en la tesitura de tener que responder a preguntas del estilo de “¿es verdad que la reina de Inglaterra debería cederle el paso a la Duquesa de Alba si se encontraban en un ascensor?”  (no se quién fue el que hizo la aseveración en la que se basa esa pregunta pero le hizo un flaco favor al Protocolo con mayúsculas).

Como no todo ha de ser negativo, lo bueno –como decía en el artículo de opinión que escribí con motivo del acto de proclamación del rey Felipe VI– es que algunos medios han contado con profesionales del protocolo, hecho que nos lleva a ser optimistas y pensar en la visibilidad de una profesión que hasta hace poco permanecía en un segundo plano. Los buenos profesionales, que hay muchos, están ahí dispuestos a hablar con rigor y seriedad  ¡utilícenlos con ese fin si lo que quieren es informar!.

Artículo de opinión de María Gómez Requejo (@MariaPSC) para Protocol Bloggers Point