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Amalia de Llano y Dotres : Una Celebrity del siglo XIX @Migueldelamo1

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Siempre que voy al Museo Nacional del Prado, es una obligación para mí, visitar el retrato de Doña. Amalia de Llano y Dotres condesa de Vilches, pintado en 1853, por el gran maestro de la pintura romántica española Federico de Madrazo y Kuntz. Es más, cuando llego a la Sala donde se encuentra esta obra maestra, lo primero que hago es mirarla  de frente a los ojos y hacer una reverencia a esta encantadora dama.

Más de una vez algún visitante o turista me ha mirado incrédulo e incluso se le ha escapado una sonrisa o en algunos casos una carcajada.

Una vez que miras su rostro, lo único que se te pasa por la cabeza es la belleza, serenidad y dulzura que transmite al espectador o más bien al contemplador este bellísimo retrato.

El color rosado de su piel, su mirada natural, sin artificios, su peinado en bandós adornado con una diadema trenzada, que enmarca su cara cubriendo las orejas con dos grandes casquetes de pelo. El color de su vestido de soirée, en tafetán de seda azul invade toda la estancia, su corpiño en “V”, su escote en berta, absoluta tendencia en esta primera época de la moda romántica.

Una de las cosas que más llama la atención, es la sencillez de sus joyas. Su postura, apoyando el codo sobre el reposabrazos de ese elegante sillón y esa caricia de su mano en su rostro, que parece que de alguna manera, nos acaricia a nosotros también.

El pesado chal de terciopelo descolocado sobre el sillón, nos descubre una insinuante y rompedora mujer. Con esta pose llena de curvas y sensualidad, el pintor destruye  todas las reglas de la etiqueta femenina de la época.  Un auténtico escándalo en el Madrid del Romanticismo.

El abanico de plumas, parece moverse ante el que observa el retrato de Amalia, que apacigua de alguna manera el calor y la emoción que siente el espectador al contemplar esta maravillosa obra.

Hoy recuerdo el cuadro de Madrazo y la imagen de Amalia por una razón muy especial. El pasado día tres de febrero, volví a recorrer los paseos de tierra y cipreses de la Sacramental de San Isidro.

Un nuevo grupo formado por alumnos, compañeros y profesionales del protocolo nos reunimos para visitar la Sacramental guiados por mi admirada Ainara Ariztoy, guía de la Sacramental. Os recomiendo sus visitas guiadas por el Camposanto, son una experiencia maravillosa en todos los sentidos.

Esta vez le puse una condición a nuestra guía. Llévame a ver a mi querida condesa de Vilches y brindarme la oportunidad de invitar a un nuevo baile a mi admirada Amalia y ni que decir tiene que mi deseo se hizo realidad.

Subiendo el paseo principal de cipreses del patio de la Purísima Concepción, Ainara nos condujo hasta el Panteón de los marqueses de Almonacid levantado en 1870, por el arquitecto Wenceslao Gaviña Baquero. Lo primero que llama la atención, es la paz del lugar elegido, entre sombras, un lugar tranquilo, sencillo.

Unos leones vigilan y custodian la entrada del panteón, simbolizando la fuerza, el poder y el coraje de los que allí descansan. Me asomo y veo en su lápida el busto en relieve de una mujer para mí totalmente desconocida, de una expresión dura nada que se asemeje al retrato de Madrazo.

Sin decir nada, al empezar a bajar los pequeños escalones, vuelvo de nuevo la mirada al nombre escrito sobre el mármol de la lápida que hay debajo de ese busto, Amalia de Llano y Dotres. Es ella, aunque realmente pienso que no lo es. Desilusionado, saco de mi bolsillo una pequeña postal con el retrato de Amalia pintado por Madrazo y me reconforto de alguna manera mirando de nuevo el rostro más bello del romanticismo. Las flores del lugar me recuerdan, que todo se marchita, nosotros también.

Amalia de Llano y Dotres, condesa de Vilches, nace en Barcelona el 29 de abril de 1822, en el seno de una familia de la burguesía adinerada. Sus padres comerciantes de prestigio, hacen fortuna y a la muerte de su padre Don Ramón de Llano y Chávarri, su madre contrae de nuevo matrimonio con Don Francisco Falcó y Valcarcel IX marqués de Almonacid de los Oteros. Gracias a este nuevo matrimonio de su madre, Amalia empieza a tener un papel fundamental entre la aristocracia madrileña.

Se casa en 1893 con Don Gonzalo de Vilches y Parga y se convierte en una de las mujeres más admiradas de la época. Su amistad con la reina Isabel II, hace que a su marido le sea otorgada la dignidad de conde de Vilches ennobleciendo de esta manera a la familia. Amante de los bailes, la literatura, y el teatro. Durante estos años organiza funciones teatrales y tertulias literarias en su casa, e incluso llega a publicar dos novelas con un relativo éxito.

Siempre les pregunto a mis alumnos durante las clases de etiqueta y educación social a quién sería imprescindible invitar hoy a un evento si hablamos de celebridades. La respuesta casi siempre es la misma a Kim Kardashian, a lo que yo les respondo, que seguramente Amalia sería la Kardashian del siglo XIX.

Amalia se convirtió en una celebridad del siglo XIX, no había baile al que no acudiera como invitada o los que ella organizaba como anfitriona. Su belleza, su dulzura, su gran popularidad entre la aristocracia madrileña y su amistad con la reina Isabel II, hicieron de ella una auténtica estrella del Madrid romántico.

Al abandonar la Sacramental, justo antes de bajar la gran rampa de cipreses que conduce a la Ermita del Santo, me pareció escuchar música y un aleteo de abanicos. Me di la vuelta y me pareció ver a una dama vestida de azul, acompañada de otra con un imponente vestido de baile en tonos verdes, eran las tres y la Sacramental se cerraba hasta el día siguiente. Por un momento mi primer impulso fue ir hasta el panteón de los duques de Denia y ver si “la Medinaceli” seguía allí. Estoy seguro que era ella, que como casi todas las tardes se va a buscar a su amiga Amalia y con sus abanicos de plumas conversan y ríen esperando un nuevo baile.

Sin decir nada, salí de la Sacramental y me coloqué mis guantes blancos. No había un coche de caballos esperándome en la puerta. El autobús número 17, me esperaba para conducirme, no a un salón de baile, me llevaba a la realidad. Desde luego una realidad muy diferente pero afortunadamente igual de maravillosa.

Texto y fotografías: Miguel del Amo

Imagen destacada:

Federico de Madrazo: Amalia de Llano y Dotres, condesa de Vilches. Museo Nacional del Prado

Miguel del Amo

Director de Redscreen y Profesor de Protocolo Social y Etiqueta.

Comments 2

  1. quedé fascinada también por la Hermosa Estampa de la Joven Amalia. Gracias por regalarnos Arte e Historia de esta manera tan amena! Saludos desde Venezuela

    1. Muchas gracias Lala, no hay mayor disfrute que compartir lo que a uno le gusta. Saludos cordiales desde Madrid

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