Medrano: había una vez una sombrerería por @Migueldelamo1

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Siempre que pienso en sombreros, numerosos rostros aparecen por mi mente, Bogart, Chaplin, Bette Davis, Su Majestad la Reina Isabel II, Fred Astaire, Winston Churchill y hasta el mismísimo Indiana Jones. Personas y personajes que hicieron y hacen del sombrero su seña de identidad. Pero hay dos personas muy importantes para mí, que hacen que este complemento me toque el corazón de una forma muy especial. Carmen Román, mi querida madre y Audrey Hepburn.

Mi madre siempre me decía: Miguel para llevar sombrero, hace falta tener cara de sombrero. A mi madre le sentaba de maravilla, su escaso pelo rubio, sus labios rojos, su sonrisa, todo resultaba perfecto.

La otra persona, todos la conocéis, la inolvidable y bellísima actriz Audrey Hepburn. Hace poco tiempo paseando por Madrid, me detuve delante del escaparate de la Sombrerería Medrano en la calle Imperial número 12. Allí estaba ella, radiante, sonriente, como en miles de tiendas, casas, bares y en los lugares mas insospechados. Pero aquí esta vez no desentonaba.

Al lado de su retrato había un sombrero, igual que el que lucía en la película “Una cara con Ángel” dirigida por Stanley Donen en 1957. Me vi reflejado en el cristal del escaparate e inevitablemente me puse a silbar el “Moon River” de Henry Mancini.

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Mi reflejo hizo que sobre mi cabeza, uno de los sombreros del escaparate se situara de tal manera que parecía que lo llevaba puesto. Fue un instante, pero suficiente para entender que delante de mí, por un momento parecía por primera vez un auténtico caballero. Elegante, especial, con ese toque de distinción que solamente este complemento puede otorgar al que lo lleva puesto.

Poco tiempo después, tuve la suerte de ser invitado a conocer la tienda por la propia familia Medrano. Me recibió Héctor Medrano, atento, simpático, orgulloso de su tienda y de su historia. Su padre Beltrán Medrano y su madre María Luisa me hicieron pasar un rato muy agradable. Héctor, me fue desgranando la historia de su tienda y taller.

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Me aseguró, que gracias a unos documentos publicitarios que encontraron en el establecimiento, cuando su abuelo Beltrán compró el negocio en 1975 a los anteriores propietarios. Pudieron comprobar que la Sombrerería llevaba abierta casi 200 años y había sido fundada por don Bernardino Abial y Roda en el año 1830.

Con lo cual, es la sombrerería en activo  mas antigua de España. Héctor me comentó que antiguamente en la zona abundaba el comercio del textil y otras  sombrererías.

En 2015 se amplia al espacio original, cerrado durante años y el aspecto vuelve a ser el mismo que tenía al comienzo de su andadura.

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Desde los primeros años se han especializado en chisteras y sombreros eclesiásticos. Me explica, que durante los años cuarenta y cincuenta, todos los curas y monaguillos compraban sus sombreros en el establecimiento, pues era obligatorio su uso con la sotana.

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Son fabricantes y producen la mayor  parte de los sombreros que tienen a la venta. Entre los que ellos mismos confeccionan, los mas veteranos son los Birretes académicos y los sombreros y gorras para militares.

Desde el comienzo han realizado los bicornios de la Guardia real, que ahora se realizan copias exactas pero de menor valor en los materiales que emplean. Una chistera bien cuidada puede durar toda la vida, por 77 euros nos podemos llevar una confeccionada en lana. Las primeras eran de seda de Lyon y pelo de castor, actualmente es uno de los modelos mas vendidos para bodas, como complemento del chaqué y para actos oficiales, como la  entrega de cartas credenciales por parte de los embajadores a Su Majestad el Rey como complemento del Frac.

La más vendida es la de color negro, pero se confeccionan de todo tipo de colores y materiales. Hector me muestra una de las joyas que poseen en la tienda. Una horma original de Chistera, curioso artilugio de madera en bloques, para una vez cortado el patrón poder sacarlo sin estropear la pieza.

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Los hombres en verano optan por gorras de algodón y lino, las mujeres tienen una clara preferencia por el Canotier y los sombreros de ala ancha siempre en  material de palma. Tanto para hombres como para mujeres, el modelo Panamá es la estrella del verano, el trenzado viene de Ecuador y lo confeccionan en la tienda. En invierno tanto hombres como para mujeres optan más por modelos clásicos. El favorito es el tipo australiano, más impermeable e indeformable. Desde hace algunos años, confeccionan tocados y turbantes exclusivos debido a la fuerte demanda que este complemento ha experimentado en los últimos tiempos.

Maria Luisa me explica, que a todos no nos sienta bien el mismo sombrero. Aunque si que estamos de acuerdo, en que hay a personas a las que cualquier modelo les sienta bien. A los señores de cara delgada mejor el ala corta, a los de cara redonda mejor un ala ancha. A las señoras de cara redonda el modelo cloché es ideal, redondea la cara y lo integra, y para caras alargadas mejor de ala ancha.

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Todos los sombreros que venden en la tienda provienen de Europa, mayoritariamente de España e Italia.

En la actualidad, la primera opción en el color tanto para hombres como para mujeres es el negro, pero es muy habitual que una vez que se ven con otro color opten por algo mas luminoso.

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Héctor me muestra una chistera y un bombín. Cepilla cuidadosamente cada sombrero, antes de colocárselo a cada cliente. Para colocarnos la chistera o el bombín, agarramos el sombrero por la parte de la copa y nos lo ajustamos tirando de las alas. La rigidez de ambos sombreros y la suavidad de la piel es lo que llama mas mi atención. Me siento mas a gusto con la chistera, pero me encanta saber que el bombín que me coloca Héctor es el mismo que utiliza mi admirado Joaquín Sabina, cliente habitual de la sombrerería.

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Multitud de personas, personajes y personalidades han pasado por Medrano. Actores, actrices, políticos, escritores, poetas…desde 1830, es imposible enumerar a todos los que en algún momento decidieron llevar puesto este complemento perfecto. Cine, teatro, televisión,  producciones muy conocidas por todos como “El Abuelo”, película de Jose Luis Garci, en la que su protagonista, el inolvidable Fernando Fernán Gomez, luce un sombrero de Medrano en una de las escenas más recordadas de la película, o la gran producción de Hollywood “El Mosquetero”, para la que encargaron más de cien sombreros.

A mí me hace especial ilusión saber que de entre todas estas personalidades los payasos de la tele, inolvidables iconos de mi infancia, hayan sido clientes de la sombrerería. El modelo del payaso Fofó se sigue confeccionado, y un retrato de el inolvidable payaso decora un rincón de la tienda.

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Guantes, bastones y abanicos completan este maravilloso decorado. Una familia de artistas, en la que Beltrán Medrano aprendió un oficio que ha pasado a su mujer y a su hijo, y que desde el corazón del Madrid de los Austrias sigue llenando la calle de ese toque de distinción que solo el sombrero puede dar al que lo lleva puesto.

Me voy como si hubiera estado charlando un rato con mi propia familia. Me despido pero le prometo a Maria Luisa que volveré. Sin duda, el próximo invierno uno de esos sombreros tiene que formar parte de mi vida.

Muchas gracias a los Medrano por abrirme las puertas de su casa y en especial a Héctor por permitir, que me haya puesto un pedazo de la historia de Madrid y de España sobre mi cabeza.

Miguel del Amo.

Director del Master en Protocolo, Relaciones Publicas y Gestión de Eventos en IDACEM, Escuela Superior de Marketing y Moda.

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