«¡No sin mi hijo!», sobre niños y vida social (por @MariaPSC)

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Hace algunos años, allá por 2003, redacté el “Manual  de Buenos Modales para Niños (dirigido a los padres)”  como trabajo fin de carrera de la Titulación Superior en Protocolo y Relaciones Institucionales, título propio de la Universidad Miguel Hernández de Elche impartido por la Escuela Internacional de Protocolo de Madrid.

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Este trabajo fue el mejor proyecto fin de carrera de la promoción 2000-2003 y la OICP (Organización Internacional de Ceremonial y Protocolo)  le concedió el VI Premio Internacional a la Investigación en Protocolo y Disciplinas Auxiliares. Hoy me viene fenomenal para escribir este post.

En él hay un capítulo, el 4, que habla de la presencia de los niños junto a los padres,  en determinadas “Ocasiones Especiales”. Comparto con vosotros un resumen del contenido de ese apartado, que es el que acabamos de comentar en Hoy en Madrid.

Los niños y la vida social de los padres

Una de las cosas más complicadas de tener hijos es intentar integrarlos en la vida social de los padres. Muchos padres se dan cuenta de que sus horizontes se contraen de forma considerable con la llegada de sus retoños, pero insisten en integrarlos en su vida social y, por ende, en la de sus amigos, conocidos y extraños.  ¿Una cena de aniversario de tus amigos en un lujoso restaurante?, ¿me lo llevo al preestreno de esa película que tanto me gusta (a mí)?, ¿esa boda de conocidos a los que no ves desde hace tiempo en la que la que la etiqueta requerida es chaqué? ¿un viaje a Euro Disney con un bebé de un año y medio? etc., etc., etc. Ejemplos seguro que tenemos todos.

Si los padres quieren pasar mucho tiempo con sus hijos, la mayoría del tiempo tendrán que hacer cosas de niños. Pero hay una serie de zonas de penumbra, actos donde los niños podrían ser aceptados, aunque no sean los más adecuados para ellos y su presencia tampoco sería muy bienvenida por el resto de invitados. Y, no nos engañemos, hay padres que creen que sus hijos son tan excepcionales que son capaces de llevarlos a un concierto de tres horas, del que habrán salido por piernas a los tres minutos.

Los padres deberían tener en cuenta que, al llevar a sus hijos a un lugar donde no van a ser bien recibidos, los ponen en una posición incómoda ya que puede ser  duro para ellos comportarse de acuerdo con el standard del evento.

Así que es mejor que no le hagas una faena a tu hijo, ni a las personas que te invitaron. Chequea la situación con tiempo suficiente, y considera el dejar a tu hijo en casa, o renunciar a ir al evento, si:

  • El asistir al evento le obligará a estar despierto pasada su hora de ir a la cama.
  • No habrá otros niños allí.
  • Se aburrirá.
  • Tendrá que comportarse como un adulto.

Tu hijo puede ser educado sólo si no le pides demasiado. Recuerda siempre que es un niño.

¿Me lo llevo al cine?

Quién no tiene la experiencia de una película arruinada por las carreras arriba y abajo del pasillo, las voces, los cuchicheos,masticar de forma ruidosa, risa excesivamente alta, susurros interminables, o cualquier tipo de ruido del catálogo infantil.

¿Qué hacer para que no molesten a los demás durante la representación?

  • Elegir una película adecuada a la edad del niño,  a su nivel  de madurez e intereses, porque si se aburre … hemos perdido. Cuanto más pequeño sea el niño, mejor lo pasará en obras cortas y con mucha acción, en las que niños como ellos son el público dominante. Y a horas adecuadas para que ellos puedan asistir.
  • Describirles el evento al que van a asistir con la antelación suficiente.
  • Ser puntual. Los niños están mucho más nerviosos si llegan a un sitio con el tiempo justo, con las luces apagándose, etc., si se llega demasiado pronto, pasa lo mismo. Lo mejor es llegar con tiempo suficiente para ir al baño,  comprar algunas chucherías y dar una vuelta por la antesala, de esa forma los niños se van acostumbrando  al lugar.
  • Vestir al niño con ropa cómoda.
  • Hay que enseñarles a sentarse y permanecer quietos. Con los pies en el suelo (no debajo del trasero o dando patadas al asiento delantero); no moverse constantemente, dando la vuelta para ver a los que están situados en las filas traseras, o colgarse del asiento delantero, impidiendo la comodidad de quien se sienta delante. Estar quieto significa, además, no hablar o cuchichear durante el pase de la película, ni hacerle señas a  conocidos que están sentados en la otra punta de la sala. A veces será necesario separar a los hermanos o amigos. Si hay una emergencia – ir al baño – debe pedirlo en voz baja, pero en la medida de lo posible convendría esperar al descanso o finalización de la película. De no ser así, hay que salir sin molestar y sentarse con rapidez al volver.
  • Guardar silencio. El silencio debe guardarse con el máximo rigor en los cines, teatros, salas de ópera o concierto. Si se trata de una película de cine que ya hemos visto, está muy mal ir contándola a medida que transcurre la acción.
  • Durante el espectáculo no deben comerse cosas que puedan hacer ruido, y no ensuciar las butacas ni el suelo con cáscaras, bolsas, envoltorios, etc.. Deposita la basura en la papelera más cercana.
  • Salir por piernas si es necesario: es la única opción posible si el niño no muestra interés, está molestando, etc.. Piensa que no sólo te está arruinando a ti la película, sino a todos los que tiene alrededor.

¿Y a esa ceremonia a la que tanto te apetece ir?

Cuando asistimos a una ceremonia religiosa o de cualquier otro tipo,  hay que describirle a los niños con la mayor precisión posible el evento al que van a asistir y las habilidades sociales que deberán poner en práctica.

Cuando se atiende a ceremonias religiosas, los niños se sienten inquietos por la solemnidad de los espacios en los que se celebran y la actitud que mantienen los allí presentes. Hay que darles la mayor información posible de la ceremonia a la que van a asistir con antelación y prepararles para lo que van a ver.

  • Tu hijo disfrutará más si sabe lo que se va a encontrar y los otros apreciarán su interés. No necesita participar en los ritos sagrados de un credo diferente del suyo, pero puede escuchar, sentarse, etc. con el resto del grupo.
  • La tolerancia que mostramos ante el comportamiento de los niños,  parece desaparecer en los lugares de culto. Hay que comprender a los fieles, que necesitan concentración en sus oraciones. En las iglesias o lugares de culto, independientemente de su confesión, deberíamos seguir unas reglas mínimas:
    • Llevar alguna distracción. Algunos lugares de culto, al igual que algunos restaurantes, sorprenden a los niños con lápices de colores y algunas hojas para dibujar o colorear, así entretienen a los niños y no molestan a los vecinos. Los libros siempre son una buena idea.
    • No se llevan aparatos de música ni juegos electrónicos, ni teléfonos móviles (esto ni los mayores).
    • No se come. Dentro de un lugar de culto no se come ni se bebe. Si el niño tiene hambre o sed (lo que en este supuesto equivale a aburrimiento) lo mejor es salir del recinto.
    • Calzado. Una buena suela de goma sobre un suelo de cerámica, o piedra, apenas se nota; otro tipo de zapatos pueden transformar una ceremonia religiosa en una exhibición de claqué.
    • Si vas a atender un servicio de una confesión religiosa que no es la tuya, infórmate bien antes y prepara a tu hijo para la novedad.
    • Estar preparado para salir por piernas: si llevas a un niño pequeño, no se puede contar con estar presente durante todo el acto religioso. Harás bien en sentarte junto a la puerta o al menos tener controlada la distancia que te separa de ella. Cuando el niño deje de hablar en voz baja, y comience a elevar el tono de voz, moviéndose de un lado a otro sin parar, ha llegado el momento de salir del recinto.

Ese viaje de cuatro horas en avión….

Mantener a los niños entretenidos durante un vuelo/desplazamiento es el primer paso para un viaje confortable; el siguiente es conseguir que no invadan el espacio personal de los otros pasajeros/viajeros. Esto significa que no debemos permitir que los niños den patadas en el asiento delantero o lanzar/arrojar objetos sobre la fila que tienen delante, etc.

Como siempre, en la planificación está la clave del éxito: infórmale sobre el sitio al que vas, en qué medio de transporte vas a viajar y cómo va a ser el viaje. Si vas en avión, tienes que decirle que  el espacio de que se dispone es limitado, que se tiene que sentar en su asiento y no donde le apetezca. Es importante que le lleves algo para entretenerle, algo que le tenga ocupado y que no moleste al resto de los pasajeros.

Algún consejo:

  • Siéntate entre tu hijo y el otro pasajero, una breve charla está bien, pero tu hijo no puede dar por hecho que su vecino de asiento tiene que entretenerle durante el tiempo que dura el viaje.
  • Asegúrate de que tu hijo mantiene un tono de voz moderado para que los otros pasajeros puedan disfrutar del viaje.
  • En estas situaciones hemos de ser muy amables con las azafatas. No le permitas pulsar los botones de aviso constantemente, ni deslizarse entre los carritos y los asientos. Recuerda llevar al niño al baño antes de embarcar y unos minutos antes de que el avión comience a descender para aterrizar.
  • Las salas de espera de aeropuertos, estaciones, etc., no son un parque, es decir no son el lugar apropiado para jugar al fútbol, escondite, saltar por los asientos, etc., evita que tus hijos molesten al resto de los viajeros, y entretenlos con actividades lo más pacíficas posible. En estos lugares procuraremos tener el equipaje lo más colocado posible para que no invada asientos que pueden ser utilizados por otras personas.

Visitas vienen y van

Si los niños están jugando o viendo la televisión en el lugar donde vas a recibir a tu visita, deben dejar el espacio libre ya que las visitas no tienen por qué competir con la televisión, el ruido de la tele distrae y nos obliga a elevar el tono de voz. La visita ha venido a verte a ti, no la tele.

Para evitar discusiones delante de la visita debes avisar a los niños con tiempo suficiente de que alguien va a venir, y que para la hora de la visita el salón debe estar libre.

Algún que otro consejo:

  • Antes de que llegue la visita hay que dejarles claro a los niños el comportamiento que se espera de ellos: corresponder a los saludos (por favor, no obliguéis a los niños a besar a las personas mayores si no les apetece, con decir “hola” o “buenas tardes” es suficiente), permanecer tranquilos y sentados y responder a las preguntas que les hagan.
  • Si los niños van a participar de algún modo, quedándose un ratito, etc., hay que recordar que las conversaciones, mientras los niños estén presentes, deben ser cortas y apropiadas su edad.
  • Deja claro a los niños cuando es un buen momento para dejar la conversación y que se vayan a jugar. Ese es un buen momento para decir “Adiós”.
  • Cuando se incluye en la conversación a niños mayores, recuerda que tanto el objeto de la conversación, como el lenguaje,  ha de ser el apropiado.
  • Si vamos de visita a una casa en la que no hay niños y llevamos a nuestro hijo, tendremos que estar pendientes de él para evitar que toque, rompa o desordene objetos o enseres de la casa; deberíamos llevar algunos juegos, cuentos, etc., para que se entretenga.
  • Hay niños que hacen “gracias” y padres a los que las gracias de sus hijos les resultan tan fuera de serie que pretenden que las compartan con las visitas y así obligan a los niños a cantar, bailar, imitar, etc., etc. Si el niño lo hace voluntariamente, podría tener un pase, pero no conviene ni obligar al niño a actuar, ni a la visita a soportarlo.

¿Qué hace un niño en un Hospital?

Aunque la mayoría de los hospitales ponen límites a las visitas infantiles, muchas veces alguno se les “cuela”.  En la medida de lo posible los padres deberían evitar ir con los niños a las visitas hospitalarias.

Veamos algunos consejos:

  • Preocuparse por el enfermo y saber si le gustan o no las visitas.
  • Visita corta y acompañados de los padres.
  • Llevar algo al paciente: bombones, revistas, un libro. Si  el paciente es un niño, es mejor llevar algo que pueda compartir y que se lo entregue el niño visitante.
  • Evitar que el niño mire fijamente a otros pacientes y les moleste con preguntas y comentarios.
  • No dejarle que grite o corra por los pasillos y estar preparado a salir por piernas en cuanto lo haga.

Los niños y la vida social de los padres no son incompatibles, hay que buscar la actividad adecuada e integrar al niño en la misma de forma gradual. Ante el menor conflicto, retirada. Hay actividades en las que no es recomendable la presencia de niños, en ese caso los padres deberían ser consecuentes y asistir sin llevar al niño, o excusar su asistencia.

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